A veces

 A veces los sueños son de acuarelas. Llenos de color y aventuras. Un elefante cruza nuestro jardín, corremos los Sanfermines o llegamos a creer que podemos volar. Vivimos una invasión alienígena, una inundación y la peor de las tormentas en alta mar. Luchamos contra tiburones, se nos acelera el pulso, sube la adrenalina y empezamos a sudar. Pero seguimos vivos. Atravesamos olas, nos tiramos por acantilados, huímos de peligros. A veces creemos que estamos en el segundo previo a nuestra muerte, pero seguimos vivos.

A veces la almohada es de hielo. Nos electrifica con su penetrante pitido. Nos engulle en su profundo sueño. A veces no podemos salir de ellos, al menos somos conscientes de ellos, y en el nanosegundo exacto en el que eres atropellado por un carro de caballos, !bam¡ vuelves a la tierra. Al mundo de los mortales. Pero comienzas a echar de menos a los tiburones, a los aliens y hasta a tu elefante doméstico. Al menos durante unos segundos hasta que la oscuridad nubla tus recuerdos.

A veces los sueños se repiten y te reencuentras con compañeros de viaje, con ciudades, con el pasado proyectado afilado, manipulado por nuestra mente. Un brote de energía por las noches para olvidar la monotonía de los días.

¿Acaso no vivimos realmente aventuras al dormir? A veces, a veces

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