Sábanas frías para un cuerpo de sangre caliente

Que ya no quiere verme dice.
Que es hora de que eche a volar y aprenda lejos de su piel.
Y yo no sé si es que te es más fácil alejarme,
poner kilómetros abstractos de distancia egoísta entre nuestras idas y venidas,
que saber que un “Adiós” trae consigo un “Hasta luego” y también,
harto de prevalecer,
tus ganas de echarme por cama todas nuestras efímeras batallas al colchón.

Nuestras pero no contigo,
Nuestras pero no conmigo.
Que al fin y al cabo estas sabanas me llegaron a castigar frías y ahogadas.
Sin oxígeno, sin tu olor.
Y busco tu colonia en otras pieles, pero no te equivoques, no.
Que las ganas de traerte de nuevo a mi vida son,
(Al desnudo y sin traje térmico de buceo),
equiparables a las ganas de bañarme en un río en pleno invierno.

Desenrolla un mapa, cierra los ojos y señala un punto aleatoriamente perfecto.
Ahí mis sabanas dejaran de castigarme,
Allí un “Adiós” será la palabra que ponga punto y final a esta absurda historia.
Historia que acabará en cuanto vengas definitivamente a por tus cosas,
esas que ya no se mezclarán jamás con las mías.

Dos días tienes, no me tientes.
Las tiraré como tu tiraste mi corazón con la excusa de que madurara
desde el nido mas áspero, desde el árbol mas alto, ni a la basura.
Harta de tus drogas, tus ojitos rojos, tus porfías y nuestras duchas de agua fría.
“Déjame sola” me giro y te lo digo.
Pero tú ya te habías ido.

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